Dermatitis atópica

Persona con piel irritada en clínica de dermatología

La dermatitis atópica es una afección crónica de la piel que se caracteriza por la inflamación y sequedad de la piel. Afecta principalmente a personas con predisposición genética a las alergias y afecciones atópicas, como el asma, la rinitis y la conjuntivitis alérgica. Esta afección causa enrojecimiento y un intenso prurito que obliga al paciente a rascarse produciendo placas liquenificadas (engrosadas) con costras que en ocasiones pueden infectarse.

La causa exacta de la dermatitis atópica no se conoce por completo, pero se cree que implica una combinación de factores genéticos, inmunológicos y ambientales. La función de barrera de la piel está comprometida en las personas con dermatitis atópica, lo que permite que la piel se reseque y sea más propensa a las reacciones alérgicas y a infecciones (por hongos, bacterias y virus)

La doctora es especialista en el tratamiento de la dermatitis atópica tanto de niños como de adultos. Además, aportamos a los padres o al paciente las herramientas necesarias para poder enfrentarse a su enfermedad de manera autónoma y participativa.

Cuidado de la piel: Evitar jabones fuertes y con perfumes, así como tomar baños cortos con agua tibia en lugar de caliente, puede ayudar a mantener la piel sana.

Persona con piel irritada en clínica de dermatología

En cuanto a los tratamientos, disponemos de múltiples opciones:

  • Hidratación: Mantener la piel bien hidratada es esencial para reducir la sequedad y prevenir brotes. Se recomienda el uso regular de cremas hidratantes hipoalergénicas y sin perfumes.
  • Corticoides tópicos: es el tratamiento de elección en dermatitis no muy severas. Estos medicamentos reducen la inflamación y el prurito cuando se aplican en las áreas afectadas. Existen corticoides de diferentes potencias según la gravedad de los síntomas y la zona afectada. Si se siguen las prescripciones del dermatólogo no tienen por qué causar efectos secundarios.
  • Inmunomoduladores tópicos: Medicamentos como el tacrolimus y el pimecrolimus pueden reducir la inflamación sin los efectos secundarios potenciales de los corticoides.
  • Fototerapia: La exposición controlada a la luz ultravioleta (UV) bajo supervisión médica puede ayudar a reducir la inflamación y aliviar los síntomas.

  • Inmunosupresores orales y fármacos biológicos: En casos graves y resistentes a otros tratamientos.